Durante la Segunda Guerra Mundial, algunos empresarios encontraron la forma de hacer grandes fortunas vendiéndole al gobierno estadounidense, partes mecánicas para el armamento bélico. Joe Keller, obtuvo importantes sumas de dinero con esta actividad; su familia gozó de bienestar económico, una época de bonanza que se vio empañada con la desaparición de Larry, hijo mayor del matrimonio, piloto de la fuerza aérea norteamericana.
Su muerte, se sumó a la de otros 21 pilotos, cuyos aviones cayeron por fallas mecánicas atribuidas a las refacciones defectuosas que Keller y Deever les vendieron al gobierno. Los 2 son llevados a juicio. Keller logra librar la acusación, Deever queda recluido. Ann Deever y Larry Keller (hijos de ambos) se habían comprometido en matrimonio.
Tres años después la madre de Larry, Kate Keller sigue esperando el regreso de su hijo; se niega a creer que haya muerto y mantiene la esperanza que sea encontrado vivo. La acción se desarrolla en el jardín de la casa de los Keller, en una ciudad de los EU. La familia intenta volver a la cotidianidad, son los tiempos de la posguerra pero las heridas no han cerrado. Los Keller reciben la visita de Ann Deever, visita que dará un giro radical a los acontecimientos.
La estructura dramática de cada personaje es sólida como la misma obra, el desarrollo y los diálogos son diametralmente exactos con relación a la psicología de cada uno de ellos; la escena teatral refleja un excelente trabajo textual. Escrita por el gran dramaturgo Arthur Miller (1915-2005). Los valores éticos y morales quedan a un lado; el padre de familia hará lo necesario por el bienestar de su familia, pero esto se habrá de revertir. El precio que se paga es muy elevado y al final todo se derrumba, sólo la fortaleza de una mujer se impondrá al fatal desenlace. La iluminación escénica se manifiesta para lograr un final conmovedor.
La dirección escénica transita al inicio de manera pausada, en tiempo la obra cobra fuerza y lleva al espectador al centro del melodrama. El público es atrapado por la emotividad y la interpretación va creciendo de manara paralela con el desenvolvimiento dramático. La confrontación de los personajes con relación a la historia, deja a los asistentes con la certeza de presenciar un excelente montaje.
Bajo la dirección de Francisco Franco, Todos eran mis hijos es interpretada por: Fernando Luján (Joe Keller), Diana Bracho (Kate Keller), Silvia Navarro (Ann Deever), Osvaldo Benavides (George Deever), Miguel Pizarro (Dr. Jim Bayliss), Alpha Acosta ( Sue Bayliss), Martín Altomaro (Frank Lubey), María Aura (Lydia Lubey) y Mario Loría (Chris Keller).
La obra se presenta los viernes a las 7:00 y 9:15 pm, sábados 6:00 y 8:30 pm y domingos 5:30 y 7:45 pm. El Teatro Helénico está ubicado en Av. Revolución 1500, Col. Guadalupe Inn. Los boletos cuestan 160, 300, 400 y 450 pesos, en sus diversas modalidades
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1 comentario en “Teatro: Todos eran mis hijos”
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Me parece una obra de vigencia permanente, en un mundo donde los valores morales pasan a un segundo plano
Comentario del día junio 9, 2011 a las 9:31